viernes, 12 de septiembre de 2008

Diez años de lizarra


El 12 de septiembre de 1998, veintitrés organizaciones políticas, sindicales y sociales firmaban la Declaración de Lizarra, uno de los intentos de pacificación y normalización política que mayores esperanzas ha despertado en la ciudadanía vasca.

Amaia Artetxe
http://www.deia.com/es/impresa/2008/09/12/bizkaia/politika/498624.php

Diez años. Hoy se cumple una década de la firma de la Declaración de Lizarra, uno de los intentos por alcanzar la paz y la normalización política en Euskadi que mayores esperanzas concitó en la sociedad vasca, que como otros anteriores y posteriores fracasó y que ahora vuelve a estar en boca de algunos. De quienes ven en la Ley de Consulta un reflejo de esa declaración y también de la izquierda abertzale, que ayer reclamó una vuelta a la senda abierta entonces.

La ilusionante etapa de Lizarra tiene su origen en un periodo de la historia reciente de Euskadi poco propicio para el objetivo que se habían marcado quienes apostaron por esta vía. El año 1997 estuvo marcado por el secuestro de Ortega Lara, las acciones de ETA y, sobre todo, por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. En ese momento, la sintonía en torno al Pacto de Ajuria Enea se resquebrajaba. Consciente de la debilidad de esa suma de fuerzas contra el terrorismo, el lehendakari José Antonio Ardanza inició la elaboración de un plan que llevaría su nombre y cuyas bases dibujó teniendo en cuenta las posibilidades y el margen de maniobra de los firmantes del Pacto de Ajuria Enea.

Precisamente en el décimo aniversario de este último acuerdo, Ardanza esboza durante su discurso el plan que cuatro días después presentaría en la Moncloa al entonces presidente español José María Aznar. El mismo plan que, al ser llevado a la Mesa de Ajuria Enea, y pese a que tanto PSE como PP se habían comprometido a no bloquearlo, fue rechazado. Esa vía quedaba muerta. Las posturas reacias a cualquier posibilidad de alcanzar un acuerdo por parte de los partidos estatales eran evidentes. Tanto que se abre una puerta a una alternativa que ya se había comenzado a explorar tímidamente.

arrancan los contactos Dos meses después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, HB envió una carta a una treintena organizaciones políticas, sindicales y sociales proponiendo la creación de un foro en el que se analizara el incipiente proceso de paz en Irlanda y determinar cuestiones del mismo que pudieran extrapolarse al conflicto vasco. La reticencia inicial dio paso a unos encuentros en los que el cambio de posicionamiento de HB, alejado de la ponencia Oldartzen y de los métodos de desestabilización social que propugnaba ese documento, se hizo evidente. La presión social tras la muerte de Blanco parecía haber hecho mella en la coalición y modificado su rumbo.

En esos encuentros tuvo también su influencia la buena sintonía entre ELA y LAB y también la presencia en el panorama social de Elkarri y su formulación del tercer espacio. El PNV inició los contactos con HB en noviembre del 97. EA haría lo propio también a finales de ese mismo año. Y ambas formaciones se reunieron con unos dirigentes de HB que ya temían, como ocurrió pocos días después del encuentro con los jeltzales, su encarcelamiento. Ni esa encarcelación, ni la ofensiva de ETA en respuesta a ella -especialmente dura contra el PP- consiguió frenar los encuentros, que en enero de 1998 se tornaron reuniones formales entre PNV y HB. Arnaldo Otegi e Iñigo Iruin sustituyeron como interlocutores a Rufi Etxeberria y José Mari Olarra en esa reunión a la que siguió una segunda en la que ambas formaciones acercaron posturas y acotaron términos como territorialidad, ámbito y sujeto de decisión. Además, acordaron blindar sus conversaciones para garantizar su continuidad pese a las operaciones policiales contra ETA y los atentados de ésta.

primeros resultados Ya en el mes de abril, las conversaciones mantenidas comienzan a dar frutos: PNV y HB concretan la adopción de iniciativas conjuntas y la celebración de una manifestación conjunta con motivo del Aberri Eguna. Una movilización que se celebró el 13 de ese mes en la localidad labortana de Kanbo, justo tres días después de que en Irlanda, fuente inspiradora de los encuentros, se firmara el Acuerdo de Stormont. Otra de las iniciativas que se desarrollaron auspiciadas por el clima negociador fue la reactivación de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco, que llevó ante la Corte de Estrasburgo una denuncia sobre la violación de los derechos de los presos de ETA.

A la organización armada no le pasaron desapercibidas las negociaciones, como se desprende de un comunicado que emitió el 30 de abril del 98. En él manifiesta que vislumbra "cambios de calado" en la situación, aunque critica al PNV. Una semana después, hecha un pulso a los contactos y especialmente al PNV al asesinar al concejal de UPN en Iruñea Tomás Caballero y, dos días más tarde, al guardia civil Alfonso Parada, en Gasteiz.

Ni siquiera las presiones a las que fueron sometidos los jeltzales tras estos dos asesinatos consiguieron que se rompiera el diálogo. El 30 de mayo, Arnaldo Otegi convocó la Asamblea Nacional de HB en Gasteiz y logró el refrendo de las conversaciones por parte de las bases de la coalición. Unas conversaciones que derivan en coincidencias parlamentarias entre PNV, HB, EA e IU -formaciones estas dos últimas que se habían sumado a los encuentros bilaterales con la coalición abertzale-.

El 20 de junio los cuatro partidos, junto a otras organizaciones del ámbito sindical y social constituyen el Foro de Irlanda. De nuevo, ETA hará acto de presencia con el asesinato del edil popular de Errenteria Manuel Zamarreño. Una vuelta a escena que incrementa las presiones política y mediática sobre todos aquellos que mantienen contactos con HB.

y llega el consenso Tampoco este nuevo asesinato quebró la voluntad negociadora, que desembocó el 12 de septiembre en la firma de la Declaración de Lizarra, que recibió la adhesión de 23 organizaciones del ámbito político (PNV, HB, EA, IU, Batzarre, Zutik y Abertzaleen Batasuna), sindical y social y que se estructuró en dos partes. La primera analizaba el proceso de paz en Irlanda y extraía de él una serie de conclusiones acerca de los factores que propiciaron el acuerdo en torno al conflicto que se vivía en ese país.

La segunda parte de la declaración analiza la posibilidad de aplicar en Euskadi las conclusiones extraidas del caso irlandés. En ese sentido, el texto reconoce la naturaleza política del conflicto vasco, por lo que requiere de una solución política que -establece la declaración- sólo puede llegar a través del diálogo y de la negociación sin exclusiones entre todos los agentes implicados y con la intervención de la sociedad vasca en su conjunto. Una vez marcado ese procedimiento basado en el diálogo, el documento recoge un proceso dividido en dos fases: preliminar y resolutiva. En la primera se fomentaría el diálogo a través de conversaciones multilaterales en las que no se impondría a los participantes condiciones previas que les resultaran infranqueables. La fase de resolución debería desarrollarse en ausencia permanente de todas las expresiones del conflicto, según establece el documento, que también recogía que la negociación resolutiva no podría comportar imposiciones y debería profundizar en la democracia en el sentido de depositar en los ciudadanos de Euskal Herria la última palabra sobre su futuro y su decisión respetada por los Estados implicados.

reclamación hoy Lizarra marcó un antes y un después en la vida política vasca. Un hito que ayer el antiguo dirigente de HB Tasio Erkizia reclamó que se retomara, animando a "aunar las fuerzas de las organizaciones soberanistas en torno al derecho de autodeterminación y trabajar conjuntamente para construir nuestro país hasta crear las condiciones para que los dos Estados no tengan más remedio que reconocer los derechos que a este pueblo asisten".