miércoles, 1 de junio de 2005

Los valores originales de EA


Los valores originales de EA no proceden de la tradición marxista, pero tampoco de esa mezcla de provincianismo, autoodio y progresismo ingenuo que, por miedo a verse acusado de nacionalista, tiende a una progresiva reducción de la propia identidad cultural nacional en beneficio de una especie de magma general.
Las verdades absolutas están obsoletas, no se puede aceptar la ideología como una religión, no hay nada que sea dogma de fe.
La sociedad tiene capacidad y puede regenerarse, renovarse, avanzar, pero eso sólo lo puede hacer la sociedad por sí misma. Nadie lo puede hacer por ella. El gran punto de crítica a todas las prácticas marxistas es el de la sustitución de la sociedad por el partido o por alguna vanguardia. No puede haber justicia si no hay libertad ni democracia. El error, el fracaso de las aplicaciones del marxismo, llega a partir del momento en que una parte de la sociedad no sólo se otorga la representatividad de toda la sociedad, sino que llega asustituirla porque quien representa al pueblo es el partido o la vanguardia.



El gran objetivo de la izquierda de hoy debería ser convencerse de que no puede realizarse ningún tipo de reforma, mejora o cambio de la sociedad sin la participación del pueblo. La izquierda no debe temerla voz de la gente ni la participación popular, ni debe temer tampoco que se puedan tomar las decisiones de manera mucho más desde abajo. La izquierda que nos conviene es la izquierda democrática, dinámica, como dinámica es la misma sociedad.


Las Naciones Unidas señalan claramente en sus textos que el derecho de los pueblos a la libre determinación y los demás derechos fundamentales tienen una misma base, que se encuentra en el reconocimiento de la dignidad humana. Aunque la plasmación jurídica del derecho de autodeterminación en el derecho internacional no contempla de hecho el caso de los pueblos existentes dentro de los Estados actuales, sino el caso de los pueblos colonizados, la validez del derecho de autodeterminación no queda anulada como principio fundamental a respetar.

Los Pactos Internacionales de los Derechos del hombre de 1966 lo señalan claramente en el artículo primero de la primera parte:

"Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su estatuto político y aseguran libremente su desarrollo económico, social y cultural".

La Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos, proclamada enArgel en 1976, expone los derechos fundamentales de los pueblos.
Se proclama el derecho a la existencia, a la autodeterminación política, a la cultura propia, a los recursos comunes, los derechos económicos, los derechos de las minorías y se hace un llamamiento a todos los miembros de la comunidad internacional para restablecer los derechos fundamentales de un pueblo cuando sean gravemente ignorados.Todo esto es fundamental para el debate político que se realiza entre nosotros (y con tanta frecuencia contra nosotros), con tantos tópicos, malinterpretaciones e intereses partidistas. El pueblo vasco puede darse en libertad una organización política autonómica, federal o confederal con otros pueblos o constituirse incluso como Estado independiente. No hay ni debe haber en este campo ni imposiciones, ni limitaciones de ningún tipo. Sólo la decisión ciudadana y democrática dilucidará esto a lo largo del proceso histórico de la vida de un pueblo. No hay organización política automáticamente asociada a la "esencia vasca", sino configuración libre de su sociedad, valorando lo que sea más conveniente para el desarrollo de su identidad y de los valores sociales y políticos que se quieran promover.

No hay fórmulas establecidas, sino fórmulas que hay que constituir en libertad y democracia, en libre determinación. Por ello también cualquier plasmación política concreta adoptada está sometida a una posible revisión en el futuro, si la voluntad política democráticamente expresada así lo quiere y determina.
Y esto por dos motivos fundamentales.
En primer lugar, la organización política de un pueblo es histórica y, como tal, puede plasmarse históricamente de diversas maneras. En segundo lugar, todos los ciudadanos y los grupos conservan sus derechos cívicos y políticos, por lo que posiciones minoritarias en el presente pueden pasar a ser mayoritarias en el futuro, si así lo desea la voluntad ciudadana. Lo que no puede admitirse es precisamente que la voluntad popular no sea respetada por imposiciones externas o internas.