lunes, 12 de diciembre de 2005

Entrevista a Joseba Azkarraga en Diario Vasco y El Correo

La laberíntica sede del Gobierno en Lakua parece casi un lugar abandonado en este puente festivo. Joseba Azkarraga se ampara en su olfato de político experimentado para confiar en el logro de la paz y de la normalización, aunque avisa de los riesgos de que el «incipiente proceso» se enquiste.

-Eusko Alkartasuna insiste en que su espacio electoral está consolidado. ¿No temen quedarse sin sitio en un escenario de paz, cuando se recomponga el mapa nacionalista?

-Sí, pero como se pueden quedar sin sitio el PNV o Batasuna. Un partido como el nuestro, independentista y socialdemócrata, tiene espacio político, que posiblemente tendrá que ser compartido con otros.

-¿Es compatible estar en los despachos institucionales e intentar representar la vanguardia de los planteamientos soberanistas?

-Lo coherente es defender las posiciones en el Gobierno o la oposición. Si por estar en el Gobierno hay que renunciar a nuestros objetivos, yo prefiero estar en la oposición. No vamos a renunciar a reivindicar un Estado vasco y el avance progresista en el país por el mantenimiento en el poder.

-Se les suele reprochar que dan por agotado el actual marco estando dentro de las propias instituciones.

-No, no es sólo EA la que dice que este marco está finiquitado, lo ha hecho el Parlamento al aprobar la propuesta de nuevo Estatuto. Nuestra reivindicación es absolutamente legítima, porque lo estamos haciendo con la mayoría absoluta del Parlamento y, diría más, con un mayor respaldo después de las elecciones. Porque lo que se ha venido vendiendo es que hubo un rechazo al llamado plan Ibarretxe, y no es cierto. Si algo nos han dicho los resultados es que hay una mayoría superior de fuerzas nacionalistas y autodeterministas. La propuesta no sólo sigue vigente, sino que está más fuerte que cuando se aprobó y tiene que ser la base de cualquier proceso de normalización.

-Pues para estar más fuerte que nunca, la tienen en ´stand-by´.

-No es que esté en ´stand-by´, hay un acuerdo para que en los dos primeros años de la legislatura haya una dedicación expresa a la paz y la normalización. Pero cuando ese proceso quede encarrilado, tiene que llegar el momento de que la propuesta se discuta.

-Es decir, prevén la reactivación de ese debate mediada la legislatura.

-Sí, así es.

-¿Cómo ven el horizonte de la pacificación?

-Con preocupación. Si seguimos con que Batasuna dice que la pelota está en el tejado del Gobierno y el Gobierno dice que ETA debe dejar las armas para avanzar, no sólo estamos en un ´impasse´ peligroso, sino en una situación muy resbaladiza y cuesta abajo. Y nos podemos encontrar con que, al final, sea la sociedad la que se aburra. Ellos saben que hay una forma clara de romper este ´impasse´: ETA tiene que declarar una tregua para que la otra parte se mueva.

-¿Tiene agua la piscina de José Luis Rodríguez Zapatero?

-Yo quiero fiarme de sus palabras, y no tengo por qué dudar de su voluntad de avanzar en la pacificación. Lo que ocurre es que quizás ha llegado el momento de dar pasos. No digo que la responsabilidad sea exclusiva del Gobierno, la responsabilidad tiene que ser de las dos partes. Y ambas parecen estar en una situación de inmovilismo.

-Pero la coyuntura política es ahora más compleja para el Ejecutivo.

-Sí, porque una cosa es lo que pensamos aquí y otra lo que puede pensar el resto del Estado. Pero la apuesta tiene que ser decidida: una vez que el Congreso apoyó al Gobierno para un proceso de conversaciones si ETA abandona la violencia, ése es un respaldo suficiente para que esos pasos se den. No puede estar supeditado a lo que diga el PP, porque si así fuera esto no tendría solución.

«Un cheque en blanco»

-¿Es partidario de que los nacionalistas protejan al presidente?

-Es que protegido está; el respaldo obtenido en el Congreso es un elemento protector que ya habrían querido tener otros presidentes. A excepción del PP, todos los partidos le han dado casi un cheque en blanco para actuar. Lo que tiene que hacer es moverse. La humanización de la política penitenciaria es un paso clave. Y esos pasos pueden posibilitar otros de la otra parte, pero alguien tiene que romper esta dinámica.

-A estas alturas, ¿ETA debería asumir que no le queda otra opción que abandonar las armas?

-Una cosa es lo que nos gustaría y otra, lo que la Historia nos enseña. Ninguna organización de estas características cede si no tiene un camino abierto de diálogo y solución. ETA no es ni las Brigadas Rojas ni la Baader Meinhof alemana, que se diluyeron al perder respaldo social. ETA, nos guste o no, tiene una base social. Y mientras exista, eso requiere un proceso de negociación no tanto sobre la actuación de ETA, sino sobre las causas que dan origen al conflicto vasco, que es previo a la violencia. Y aquí podemos caer en un gran error, en un parche, que es avanzar en la pacificación olvidando la normalización, que son dos procesos diferentes pero paralelos.

-El Gobierno parece esperar a que la tregua caiga como fruta madura.

-Mantener ese criterio es dejar pudrir la situación. Hay condiciones importantes para avanzar, que son la declaración de Anoeta, los 31 meses sin víctimas mortales y la declaración del Congreso. Si no sabemos aprovecharlos, especialmente el Gobierno socialista, cometeremos un gran error permitiendo que esto se pudra. Para evitarlo hay que dar pasos, sin que yo plantee ninguna equidistancia. Y, posiblemente, quien lo tiene mejor para romper esta situación de ´impasse´ es el propio Gobierno, porque cuenta con el respaldo de la mayoría de las fuerzas políticas en el Parlamento español.

-¿Lo tiene más fácil que ETA para decretar una tregua?

-Pues posiblemente en estos momentos, sí.

-¿Les inquieta la hipótesis de que la banda pudiera volver a asesinar?

-ETA está ahí y tiene capacidad de actuar. No tengo ningún dato, pero creo que hay una decisión consciente de no atentar contra la vida de las personas. Sin embargo, quien juega con fuego, se puede quemar. Y ETA debe ser muy consciente de lo que un atentado mortal puede producir. Sería un jarro de agua fría impresionante.

-¿Qué entiende EA por una tregua?

-Que durante el tiempo que dure todo un proceso de negociación tiene que haber un compromiso de ETA de suspender cualquier tipo de actividad violenta. Partimos de una rémora importante: en 1998, Mayor Oreja habló de ´tregua-trampa´ y luego ETA le dio la razón. Por eso necesitamos que cualquier pronunciamiento venga avalado con una mayor garantía que en el 98.

«Lo vamos a conseguir»

-Si el proceso no avanza, puede ser una legislatura perdida para el Gobierno Vasco. La condición para crear la mesa de partidos sigue siendo que cese la violencia.

-Ésa no es la dedicación exclusiva del Gobierno, sino la gestión del país. Si para el 2007 no se han solucionado la paz y la normalización, no diría que hayamos fracasado; simplemente, se habrá intentado. Pero tengo el convencimiento de que lo vamos a conseguir.

-Antes de ir a esa mesa, ¿tendrán que pactar los temas nucleares?

-Sí, no puede haber una mesa resolutiva con ETA actuando y si no hay un reconocimiento del pueblo vasco como sujeto de decisión. Si no, ¿para qué nos vamos a sentar? No tendría sentido.

-¿Apuesta, por lo tanto, por sentarse con un acuerdo previo sobre el derecho a decidir?

-Mi opinión es que sí, que es absolutamente imprescindible.

-A la luz de la polémica sobre Catalunya, parece complicado que el Estado vaya a asumir reivindicaciones de mayor calado para Euskadi.


-Allá el Estado. Si cree que esto se puede solucionar de la noche a la mañana, sin asumir ningún compromiso sobre las causas originarias del conflicto, estaremos continuamente perdiendo el tiempo.

-Ustedes defienden la validez de la mayoría si no se logran acuerdos más amplios. Pero un proceso de esta trascendencia, ¿no necesita de un elevado grado de consenso?

-Es bueno que haya mayorías amplias. Pero en el caso de que no se produzcan, ¿un 48% va a condicionar lo que el 52% plantee? Las mayorías son las que son y si no se produce la aportación del PSE, no tenemos que estar cruzados de brazos hasta que decida venir al consenso. Si hay un 53, un 60 o un 65% que cree conveniente trasladar una propuesta, que puede ser la aprobada hace un año por el Parlamento, lo tendremos que hacer. No estoy dispuesto a que un 47% condicione al resto.

-El PNV se ha comprometido a buscar mayor apoyo que el del Estatuto.

-Desde el punto de vista de la filosofía política, eso está bien. Pero no engañemos: se vende el Estatuto como si hubiera tenido el 80%, y obtuvo el 53% de apoyo del censo electoral. Ojalá esté el PSE; pero si no, no puede condicionar el proceso de autogobierno.


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«El malestar del PNV es empezar el Credo por Poncio Pilatos»


-Su coalición con el PNV no parece atravesar su mejor momento.

-No, depende de dónde. No ocurre en el Gobierno, en el que hay mecanismos de diálogo que se están respetando con una lealtad mutua, sino en las diputaciones; y más en una y porque esos mecanismos ahí no han funcionado. Me parece lógico que el PNV manifieste su preocupación o malestar, pero eso es comenzar el Credo por Poncio Pilatos. Porque si alguien puede estar molesto somos quienes siendo socios de Gobierno nos hemos enterado de algunas decisiones de calado casi por los medios de comunicación. Igual el enfado del PNV es con algunos miembros de su partido.

-¿Su posición es desfavorable a reeditar la alianza?

-No, hay tiempo suficiente hasta las elecciones de 2007 para tratar este tema. Nosotros no estamos en una actitud de desmarque, sino en la que siempre hemos estado, en la de fortalecer nuestro proyecto político. Lo lógico en situaciones de normalidad es que cada formación defienda por separado su propio proyecto, pero habrá que ver si ésa es la lógica del país dentro de 18 meses.

-¿Ven en sus socios una voluntad de reorientarse hacia el PSE?

-Quiero creer que no. Y no lo percibo en quienes representan al PNV en el Gobierno.

-¿Y en su dirección?

-Hay manifestaciones en algunos casos contradictorias, que necesitan ser clarificadas. Pero como ellos, seguro, pretenden que clarifiquemos las nuestras.

-¿EA tendría cabida en un Ejecutivo ´a la catalana´ con los socialistas y la izquierda abertzale?

-De esto se ha hablado mucho, pero el PSE no es el PSC. Hoy no lo veo en absoluto. Otra cosa es que se produzca una evolución del PSE hacia la defensa de elementos claves para nosotros como el reconocimiento del pueblo vasco como sujeto político, la territorialidad, la capacidad de decisión o la bilateralidad con el Estado.

-¿Con quién van a pactar los Presupuestos?

-(Ríe) La posición del tripartito es clarísima. Estamos abiertos a la negociación con los grupos y tengo la confianza de que tendremos Presupuestos. Se hace muy difícil que el PSE o Batasuna no asuman una apuesta social que supone el 75% del proyecto.

-Las declaraciones de su partido considerando más factible el acuerdo con EHAK, ¿son un intento de cortocircuitar un posible entendimiento con el PSE?

-No, hemos transmitido una realidad incuestionable: que quien más ha concretado su interés en buscar un acuerdo ha sido EHAK. El PSE nos ha planteado exclusividad y un acuerdo político, que no sé qué quiere decir. Creo que hay una especie de autoexclusión, que ojalá no se lleve a la práctica.