sábado, 9 de mayo de 2009

Con naturalidad


Carlos Garaikoetxea asume "con naturalidad" el cambio en Ajuria Enea. Sin embargo, lamenta que Patxi López haya apostado por un Gobierno "frentista", y le augura dificultades si quiere ser consecuente con sus promesas y soportar al mismo tiempo la presión del PP

Ibai Fernandez
http://www.noticiasdenavarra.com/ediciones/2009/05/09/politica/espana-mundo/d09esp20.1589689.php#

Pamplona. Tres veces ha jurado en Gernika el que fue primer lehendakari tras la dictadura. Las tres "arrodillado ante Dios", fórmula elegida por José Antonio Aguirre para jurar el cargo en 1936, y que ahora ha modificado Patxi López. "Es una falta de madurez", sostiene Carlos Garaikoetxea. El ex presidente de Eusko Alkartasuna dice asumir la llegada del PSE Ajuria Enea "con naturalidad", y desea al nuevo lehendakari los mejores aciertos "por el bien del país". No obstante, critica el "Gobierno frentista" que, dice, representa el acuerdo entre PSE y PP, partidos que "también son nacionalistas". "Están venga decir que López es el primer lehendakari no nacionalista. Pero eso es falso. Aquí hay un nacionalismo español que declara dogmáticamente que la unidad de España es indivisible", insiste Garaikoetxea que, sin embargo, no descarta que PSE y PNV acaben colaborando antes de que acabe la legislatura.

¿Qué cuerpo se le ha quedado tras ver a Patxi López recoger la makila del lehendakari?

Estos cambios hay que asumirlos con naturalidad. Pero tampoco podemos obviar que estas elecciones vienen precedidas de algunos vicios derivados de la Ley de Partidos, que hacen que las elecciones no sean plenamente representativas del electorado vasco.

¿Qué le ha parecido que López cambiara la fórmula de juramento?

Me parece de un cierto infantilismo iconoclasta y una falta de madurez. En Inglaterra hasta el más laico canta el God save the Queen , el Dios salve a la Reina. Pero cuando la progresía no se puede demostrar en otros términos, algunos se refugian en los simbólico. Se recurre a cuestiones de moral y costumbre porque los problemas socioeconómicos son más difíciles de resolver.

¿Qué espera de Patxi López?

Hay que darle un margen de 100 días, y alguno más si hace falta, para ver si el repertorio de buenas intenciones mostrado hasta ahora se traduce en hechos. Pero no va a tener una legislatura fácil. Es rehén del PP. Tendrá que demostrar bastante habilidad para ser consecuente con sus promesas, y soportar al mismo tiempo la presión del PP.

Tan rehén es López del PP como lo pudo ser el tripartito de EHAK.

No son situaciones comparables. El tripartito pactó con todos los partidos, y sacó adelante sus principales proyectos con el apoyo del PSE. A pesar de que se le atribuyera un carácter frentista, a lo largo de la legislatura acreditó una gran capacidad de acuerdo con todas las fuerzas políticas.

Es a lo que ahora aspira Patxi López.

Sí. Su discurso de investidura podrían resumirse que es partidario del bien, de la paz y de todas las virtudes cardinales y teologales posibles. Pero eso hay que concretarlo con hechos.

¿No cree sincera la oferta de acuerdo con todos del PSE?

El precedente de Navarra y la evidencia de que el antagonismo entre PP y PSOE se convierte por arte de magia en una entendimiento incondicional para sacar a Ibarretxe, demuestra que la única motivación del Partido Socialista es arrumbar al nacionalismo. Este sí que es un Gobierno frentista.

¿Esperaba que Patxi López aceptara la Lehendakaritza en estas circunstancias?

Ya hubo en 2001 un precedente de ese gobierno frentista y nada transversal, y era una de las posibilidades. Pero llama la atención que después de exigir a todos transversalidad, ahora apueste por un Gobierno frentista.

Para el PSE era ahora o nunca.

Había otra alternativa, que yo creo más inteligente. Podía haber buscado un acuerdo con el PNV, desde ese deseo histórico de moderar al nacionalismo. Hubiera sido más consecuente con su prédica constante de transversalidad. Pero está visto que aquello de antes roja que rota, sigue vigente en España. Por encima de todo ha prevalecido la voluntad de arrumbar al nacionalismo.

López siempre tuvo claro que quería ser lehendakari.

Sí, pero hay sectores del socialismo que, a pesar de lo que ahora digan en público, siguen pensando que el futuro del País Vasco para por el entendimiento entre PSE-PNV. Esperaba al menos una última oferta del PSE para que el PNV entrara en el Gobierno. Pero ha prevalecido el nacionalismo español, dando la espalda a todas sus prédicas de pluralismo, de acuerdos entre todos y toda esa retahíla de buenos propósitos que muchos se han llegado a creer. Pero los que conocemos de qué va esto, ya sabíamos que era pura paparrucha.

Tras años de oposición, y después la campaña anti Ibarretxe que se ha llevado a cabo en el conjunto del Estado, el PSE, de alguna forma, estaba obligado a aceptar el apoyo del PP.

El PSOE y todos sus corifeos mediáticos han estado lanzando anatemas contra los 28 años de Gobierno nacionalista. Pero casi la mitad lo fueron en coalición con el PSE. Pero en Andalucía o Extremadura han gobernado ellos solitos con las madres de todos los escándalos.

¿Ha podido pesar el intento frustrado de 1986?

Esta vez ha visto una actitud incondicional del PP para votar la investidura y la ha cogido el vuelo. Habrá que ver qué pasa después. Por cierto, sobre las negociaciones de 1986 se han dicho muchas mentiras. EA nunca exigió la Lehendakaritza, como ha dicho Txiki Benegas. Si las negociaciones fracasaron fue porque el PSE no garantizaba el traspaso de algunas competencias fundamentales. Y algunas todavía siguen sin ser transferidas.

Con un lehendakari socialista igual resulta más fácil desarrollar las competencias estatutarias que faltan. López ya ha dicho que va a pedir algunas de las trasferencias pendientes.

Sí, pero existe el riesgo de que haya un desarrollo del Estatuto recortando el contenido competencial. La mercancía averiada que llamamos hace tiempo. Habrá una apariencia de desarrollo del Estatuto, pero con algunas renuncias.

¿Cómo va a reaccionar el nacionalismo ante esta nueva situación?

Salvo que el nuevo Gobierno lo haga con mucha inteligencia, el carácter claramente frentista del Ejecutivo de López va a reavivar el espíritu reivindicativo del nacionalismo vasco. Si el PSE, y los que deciden en Madrid, actúan con inteligencia y visión de Estado, es posible que haya una evolución y se aproximen al PNV a lo largo de la legislatura.

¿Ve al PNV en ese papel? Su reacción de estos días augura más bien una oposición férrea.

Es una posibilidad que no se puede descartar. Hoy el enfado del PNV con el PSOE es monumental, y en Madrid está haciendo una política de hostigamiento con el PP. Pero entenderse con el PP es muy difícil, y no sé hasta qué punto puede durar esta situación. Al PSE le interesará un acercamiento al PNV, porque su convivencia con el PP va a ser muy tormentosa.

¿No ve suficientemente cohesionado el acuerdo entre PP y PSE?

Si son consecuentes con lo dicho en campaña, será difícil una legislatura sin ruptura. Pero tenemos el ejemplo de Navarra. Aquí solventan las distancias ideológicas y programáticas con una tranquilidad pasmosa. En política se hacen maravillas, y la gente suele tener mala memoria para las promesas electorales.

¿Descarta un adelanto electoral?

Ésta será una legislatura agitada pero completa. Hace 25 años todos éramos más inocentes, y pensábamos que si no cumplíamos lo prometido en campaña teníamos que dimitir. Pero hoy, los programas se los lleva el viento. El acuerdo que han firmado PSE y PP no lleva a ninguna concreción y lo podría suscribir muchísima gente. Luego tendrán que pasar a los hechos, y ahí puede haber problemas y contradicciones. Habrá que ver también qué movimientos se dan en el PNV entre las dos almas del partido, la autonomista y la soberanista.

Y ahí, la marcha de Ibarretxe puede ser clave.

De alguna forma, Ibarretxe ha representado a esa segunda opción, pero en parte porque EA exigió que en los acuerdos de Gobierno se asumiera la defensa del derecho a decidir. Y le hemos apoyado tanto o más que su partido. De todas formas, dentro del PNV conviven dirigentes que también comparten esa visión.

¿Le ha sorprendido su adiós?

Sí, y también me ha entristecido un poco. Tampoco lo descartaba.

¿Cree que debería haber continuado?

Es joven, pero comprendo que después de diez años de linchamiento mediático y descalificaciones personales, esté cansado. Yo lo dejé a los 25 años, pero entiendo que a los diez uno diga que ya es suficiente.

¿Qué ha hecho mal el nacionalismo vasco para perder el Gobierno?

El principal problema es la fragmentación, que llega como consecuencia de la estrategia armada. Sin ese problema, el nacionalismo se habría ahorrado muchas fugas y pérdidas. Es la principal arma arrojadiza del nacionalismo español para mezclarlo todo y deslegitimar cualquier reivindicación del nacionalismo.

El nacionalismo institucional también se habrá equivocado en algo.

Es que tampoco ha perdido tantas posiciones como se ha dicho. El resultado de las últimas elecciones no ha sido malo.

Pero ha perdido el poder.

Sí, pero entre otras cosas porque faltan nueve escaños.

¿No se ha quedado anclado en el pasado en determinadas cuestiones?

No lo creo. La crisis de los 80 fue más dura que la actual, y el país salió adelante porque había un nacionalismo que no sólo vivía de gudaris egunas, de batallas de Matxitxako y de aurreskus. Pero parece que no podemos tener ninguna preocupación identitaria ni sobrevivir como pueblo. Todos los pueblos tienen su Historia, y pese a las burlas e injurias, Euskal Herria también.

Pero sin la gestión del Gobierno, ¿el nacionalismo vasco no corre el riesgo de quedar limitado a la reivindicación identitaria?

Cuidado, el ejercicio del poder está muy repartido. De EA se dice poco menos que está en trance agónico, pero tenemos cientos de concejales. Más que algunos que creen que nos han superado ampliamente. La realidad de los partidos son los alcaldes, concejales y diputaciones forales. Y desde ahí también se da respuesta a los problemas de la sociedad.

¿Le ha molestado que el PSE utilice la Ertzaintza como símbolo del cambio?

Hay mucha retórica en todo esto, y las alusiones a la Ertzaintza son una deslealtad. La policía autonómica está fuera de los ámbitos policiales europeos porque así lo quiere el Estado que, además, tiene aquí más efectivos para la información que toda la Ertzaintza junta. Aún sí, en el terreno simbólico seguro que alguna oreja le darán a la nueva Ertzaintza dirigida por Ares y que no le dieron a Balza. Pero más no se va a poder trabajar.

¿Ve factible una solución a la violencia a corto plazo?

Vamos a ver qué pasa. Las negociaciones no existen hasta que han existido, y en el mundo de ETA hay una discusión seria. Así que puede haber acontecimientos importantes derivados de todas estas cosas.

Es paradógico, pero al final va a ser un lehendakari socialista el que va a facilitar el acercamiento entre Navarra y la CAV.

En algunas cosas probablemente sí, pero serán asépticas. Desde el punto de vista de la cultura común, del idioma o afinidades históricas, me temo que no. Los socialistas ya nos dejaron en la estacada en 1982. Yo hice campaña con Urralburu en favor del Estatuto vasco, luego nos empezaron a llamar poco menos que malos navarro. Años después surgió lo del Órgano Común, y nos salieron con el escándalo de Otano. Ni siquiera nos han pedido perdón.

Así que no confía en un cambio en Navarra.

Se ha perdido terreno, en gran medida porque la violencia nos ha hecho un daño enorme. Ha caído como un obús sobre las conciencias de la gente normal, que es fácil objeto de manipulación. Pero la vida da muchas vueltas.

En este escenario, ¿qué papel le queda a NaBai?

Debe seguir siendo una coalición fuerte capaz de superar sus contradicción internas y ser alternativa de Gobierno.

¿El proyecto está lo suficientemente cohesionado?

Todas las coaliciones son difíciles de gestionar. Exige muchas renuncias, y a veces tragarse algún sapo. Que de vez en cuando haya fricciones no debe sorprender a nadie. Hay que ser capaz de superarlas y ser muy generoso. Para eso hay que recordar que estamos en política por unos objetivos, y no por la visión cegata del día a día de cada partido.