miércoles, 13 de enero de 2010

Nacionalistas vs progresistas


En la dialéctica política de los últimos tiempos, están arreciando los mensajes simplistas en cuanto a la permanente acusación a la coalición NaBai de constituir una coalición nacionalista. ¡Vaya novedad! Que los partidos que la integramos, salvo Batzarre, tenemos en nuestro ideario los principios nacionalistas vascos es tan obvio que quien pretenda con ello aportar una novedad dialéctica cae en el más superficial de los juicios de perogrullo. Es evidente que muchos (no todos) nos sentimos vascos por ser navarros y defendemos el conjunto de nuestra cultura y el derecho que corresponde a esta tierra a decidir libremente nuestro futuro. Y resulta, también, manifiesto en la actuación y definición de los principios inspiradores de NaBai su compromiso por los valores de izquierda que apuestan por la transparencia en la gestión, el respeto a la pluralidad, el fortalecimiento de las garantías públicas y de los derechos ciudadanos, la redistribución de la riqueza y el medio ambiente.

No obstante, quienes permanentemente utilizan la añagaza de la acusación de "ustedes no son de izquierdas, son nacionalistas" para evitar los auténticos debates pendientes en nuestra comunidad y pretender reducir el argumentario a estos simplismos hacen aflorar permanentemente sus propias carencias y contradicciones.

En primer lugar, tan nacionalista es el que defiende la unidad española garantizada por el Ejército como quien aspira a dar pasos, siempre refrendados democráticamente, hacia la articulación política del conjunto del País Vasco. Que los partidos de derechas de nuestra comunidad y los que se definen de izquierdas no lleven en sus siglas y en sus ponencias políticas el término nacionalista no implican que sus actuaciones no se engloben en el seno de directrices profundamente nacionalistas, como son la defensa a ultranza de la unidad española y la negación ideológica de la entidad democrática de las naciones existentes en el seno del Estado español.

Y en segundo lugar, resulta cada vez más evidente que quienes, siguiendo las constantes proclamas de la interesada derecha de Barcina y Sanz, apelan peyorativamente al ser nacionalista de NaBai -lo cual, presuntamente, le inhabilita para el encuentro con el resto de fuerzas nacionalistas españolas- son quienes realmente hacen gala de los usos más mezquinos y deplorables que pueden surgir de los nacionalismos: la exclusión y la marginación.

Resulta un clásico en esta comunidad que la UPN de Yolanda Barcina y Miguel Sanz fijen con claridad y letras mayúsculas su objetivo fundamental constitutivo de actuar al objeto de que el nacionalismo (en referencia al vasco) sea excluido de todas las instituciones. Ello habla por sí solo del modelo de sociedad por el que apuestan y el tipo de nacionalismo que practican: en vez de buscar fórmulas de integración y de cohesión, profundizan en la exclusión y la división. Claros ejemplos los vemos todos los días en la exclusión sistemática de los sindicatos ELA y LAB y en la proliferación de comisiones extraparlamentarias de las que se excluye a NaBai.

Y no es una buena noticia para una integrada gestión de la pluralidad de Navarra y para el avance de los valores propios de la izquierda, que quienes dicen defenderlos caigan acomplejadamente, una y otra vez, en el discurso tejido por la derecha. Sin embargo, ocurre que sólo así pueden justificar pactos ideológicos contra natura como el de UPN-PSN en Navarra o el de PP-PSE en la Comunidad Autónoma Vasca. Es así como finalmente sale triunfante el discurso originario y el objetivo constitutivo de la UPN de Sanz y Barcina: excluir al nacionalismo (en referencia al nacionalismo vasco, por supuesto).

Y entretanto, perpetuar y afianzar en la sociedad los modelos que defiende el neoconservadurismo: una sanidad mixta (en lugar de apostar por la sanidad pública); el debilitamiento persistente del sector público; el cuestionamiento de la UPNA; la represión al euskera; la imprudencia y frivolidad de prácticas como el juego en bolsa con recursos públicos; el abandono de la Navarra rural; el aval del Gobierno de UPN al 99% de los Eres presentados en 2009, y que denota la falta de rigor y la parcialidad con que se tramitan, en virtud de la falta de compromiso de UPN con los trabajadores; una gestión de las políticas y los recursos basada en el clientelismo partidista, en función del color político de las siglas, y no de las necesidades de la ciudadanía, en perjuicio de amplias zonas y sectores de esta comunidad; y un largo etcétera de trato injusto y orientado al beneficio de los más privilegiados en detrimento del conjunto de la ciudadanía, y particularmente de los sectores y colectivos más desfavorecidos y afectados por la situación de crisis económica que atravesamos.

Los hombres y las mujeres de Eusko Alkartasuna tenemos unas profundas convicciones nacionalistas vascas. Y las vamos a seguir teniendo. Un nacionalismo cívico e integrador, respetuoso con la pluralidad y comprometido con los valores sociales de la socialdemocracia moderna. Un nacionalismo que jamás consentirá otra garantía de unidad nacional que las urnas, y dispuesto a encontrarse con quienes antepongan los derechos humanos y políticos, y la convicción en la riqueza que supone la pluralidad de nuestra tierra.

En NaBai convivimos nacionalistas vascos con los que no lo son. Y en esa apuesta de convivencia incluimos, también, a todos aquéllos que, comulgando con los principios del progresismo y de la izquierda, apuesten por un modelo social justo, moderno, avanzado, plural y que amplíe la capacidad de decisión del conjunto de la ciudadanía de Navarra. Sean nacionalistas vascos o nacionalistas españoles.

Coordinador territorial de Eusko Alkartasuna en Nafarroa y co portavoz de NaBai, por Maiorga Ramírez