domingo, 24 de octubre de 2010

Diálogo, diálogo y diálogo con todos sin exclusiones ni condiciones



Trece años después de que el ertzaina Txema Aguirre fuera asesinado por ETA junto al Guggenheim, su hermana sigue convencida de que "no existe paz sin diálogo". Otros no lo tienen tan claro. "Mientras uno no pida perdón, el otro no condene y el otro haga el pino, no se van a sentar"

"Ama, mejor un hijo muerto que un hijo asesino", le consoló María José Aguirre a su madre recién fallecido su hermano. "Lo sigo sintiendo, pero hay veces que vas al cementerio y dices: Jo, cómo me gustaría verte. El asesino que está en la cárcel tiene el privilegio de que le van a visitar", comenta antes de abrirse en canal en esta entrevista, gestada a partir de que enviara una carta al director de DEIA (ver página siguiente) con motivo del XIII aniversario del Guggenheim y del asesinato de su hermano.

Perdió a su hermano hace ya trece años, pero el dolor no cesa.

Yo lo siento exactamente igual que el primer día. No pasa, lo sobrellevas. Los primeros años son 25 horas de dolor y en estos momentos con mi nieta ese dolor se apacigua un poco. La miras y dices: le tengo que transmitir buenas vibraciones.

¿Qué es lo que más añora de él?

Sobre todo la sonrisa y el que me llamara tata. Tata para aquí, tata para allá, tata necesito... Era supercariñoso y muy buena persona.

¿Se ha sentido alguna vez sola?

Siempre me he sentido arropada tanto por mi pueblo y mis amigos, como por mi partido. Aquí no somos de hablar mucho, pero la gente pasa, te toca, te sonríe... Para mí eso es más que suficiente.

¿Ha echado algo de menos por parte de las instituciones?

No. Es más, habría preferido que no hubiese habido ni homenajes. Yo creo que cuando tú tienes una pérdida es tu pérdida y no tienes que implicar a personas a que sientan, a que a veces igual vayan obligadas.

¿Le molesta que haya víctimas que se erijan en portavoces del resto?

Yo no me considero víctima, sino familiar de la víctima. Todos tenemos el mismo dolor, pero no lo expresamos igual. A veces me hace daño que familiares de víctimas exijan tanto a las instituciones. Yo me he sentido apoyada y reconocida, no entiendo qué más se puede pedir.

¿Le han utilizado alguna vez?

Jamás. Está mal que lo diga, pero conmigo han topado. Le doy las gracias a mi partido porque me ha tratado maravillosamente.

Cuando hay un nuevo atentado...

No pienso, simplemente siento un dolor inmenso, fortísimo, dentro de mí. Tu hermano está otra vez ahí en el suelo, caído, y unas personas van a sufrir lo que tú sufres cuando se cierra la puerta de tu casa.

¿Cómo recibió los comunicados de ETA, con esperanza o cautela?

Con el primero me vino mi hijo: Ama, ETA ha dejado las armas. Silencio, me acurruco en el sofá y lloro, pero al día siguiente lo leo y no es lo que espero. Mari José, contrólate, que luego tienes unos bajones terribles. En el segundo siguen sin decir que dejan las armas y en el tercero no sé qué dicen porque ya no les he hecho ni caso.

Pero no pierde la esperanza.

Tengo esperanza porque si no la tuviese, no tendría vida. Tengo esperanza en que mi pueblo se movilice para que ETA desaparezca y al mismo tiempo que nuestros políticos, sin exclusiones ni condiciones, se muevan. Están esperando a que pidan perdón. ¿De qué me sirve a mí que pidan públicamente perdón si no sabes lo que siente su corazón? Hay pasos, claro, quiero creer que hay cocinita por ahí atrás, pero como no termino de escucharlo, me retraigo.

No sería la primera vez que se ilusiona y luego nada.

Luego es terrible. La recuperación dura meses cuando hay un nuevo asesinato, pero durante las treguas hemos tenido algo bueno y hay que seguir intentándolo. Lo que no se intenta no se consigue.

¿Presiente que esta vez, por fin, será diferente a las demás?

Necesito creer que sí hay algo más. En el fondo de mi corazón tengo a las dos Mari Josés, la que me dice esta vez va todo para adelante y la otra, que me advierte más dura será la caída. Es muy contradictorio, pero la esperanza sigue ahí.

Se habla de acercamiento de presos, de ser generoso con quien no tiene delitos de sangre...

Todo el que tiene delito tiene que pagar, lo mismo que paga el que asesina a un vecino o roba. Con el acercamiento de presos estoy completamente a favor. Toda persona privada de libertad tiene que estar lo más cerca posible de su familia porque ésta no ha cometido el delito.

¿Qué estaría dispuesta a hacer personalmente para lograr la paz?

Daría mi vida y no lo digo por decir. En la tregua del 98 fui a las concentraciones de acercamiento de presos en Zalla. Muchas personas jamás lo entenderán, pero tenía la necesidad, lo sentía. Encontrarme allí con los chicos de la izquierda abertzale fue muy duro. Será de las cosas más dolorosas que he hecho, pero no me arrepiento para nada.

Ellos no le han correspondido.

No, pero ahí entra la generosidad. No me importa que no me hayan correspondido. Peor para ellos.

¿Batasuna debería estar sentada en la mesa de partidos?

Sí. Todos los partidos y sus votantes tienen derecho a expresar lo que sienten, sea bueno o malo. Los demás decidimos si les votamos o no.

Arnaldo Otegi manifestó hace poco que si hubiese un atentado, la izquierda abertzale se opondría.

Me parece una idiotez. ¿Es que tenemos que seguir sufriendo para que lo condenen? Por Dios, sé un poco coherente. Di condeno, pero que no haya otro atentado más.

A un cargo electo se le podrá expulsar si no condena la violencia.

Entiendo que la sociedad lo necesite, pero a mí no me sirve de nada. ¿Que condenen? Yo lo que quiero es que no haya más.

¿Qué papel deben jugar las víctimas en el proceso de paz?

Deberían quedar completamente al margen, no somos políticos.

¿Cree que algunas de ellas han perdido la perspectiva?

Puede que haya habido personas que pertenecían a grupos políticos, que a esos grupos les haya interesado llevarlas y hayan aceptado. Conmigo no podía nadie.

¿Por ser víctima no se tiene la razón?

Por supuesto que no. Hablo de mis sentimientos, no puedo hablar de los de los demás ni criticarlos. Todos, familiares y víctimas, deberíamos estar fuera. Tenemos que dejar a nuestros muertos descansar en paz. Yo nunca he sentido odio, rabia, ni he tenido ganas de gritar o insultar. Habrá personas que sí lo necesitan.

¿Le han reprochado su actitud?

He recibido llamadas, pero no sé de quién, porque no se identifican. Seguramente que esto me costará...

¿Alguna amenaza?

Seguramente, pero si hay algo que no tengo es miedo ni a nada ni a nadie. Cuando asesinaron a mi hermano una compañera mía recibió las amenazas de que me iban a llevar al paredón. No le doy mayor importancia. Más dolor es imposible. Que algún energúmeno me amenace me parece pecata minuta.

¿Qué opina de que las víctimas vayan a hablar a los escolares?

No me gustaría que a mi nieta le explicasen nada en el colegio, me gustaría explicárselo yo en casa. Según quién vaya, la explicación será diferente. Tendría que mirarse con lupa por padres y colegios.

¿Zapatero o Aznar?

Zapatero me dio más esperanza porque solicitó al Congreso el permiso para dialogar y así se lo trasladé.

Y a Patxi López ¿qué le diría?

Diálogo, diálogo y diálogo con todos sin exclusiones ni condiciones. Pero no me va a hacer ni caso, porque mientras uno no pida perdón, el otro no condene y el otro haga el pino, no se van a sentar a dialogar.

¿Se siente arropada por él?

Es el lehendakari de todos los vascos, pero como no comparte conmigo el tema del diálogo sin exclusiones, será buenísima persona, pero no me transmite esperanza.

Ibarretxe, en cambio, sí se la transmitía. ¿Le echa de menos?

Ni te imaginas, estoy bastante vacía. Gracias a Dios hay personas en mi partido que han tomado el relevo y que me ayudan muchísimo.

¿Percibe el apoyo de la Iglesia?

La Conferencia Episcopal tampoco comparte el diálogo entre todos sin condiciones. Por tanto, no percibo su apoyo. Se me fueron Arzalluz, Ibarretxe y Uriarte, que abogaban por el diálogo y lo transmitían. Urkullu también aboga por el diálogo, pero ese boom del diálogo, diálogo y diálogo llevo sin oírlo desde que entró López en el Gobierno.

Dice que visitará el Guggenheim cuando ETA desaparezca.

El día que vaya, aunque estemos en paz y libertad, me costará mucho. Al de unos días del atentado de José Mari estaba haciendo la cena y de repente vi unas imágenes de mi hermano bramando en el suelo. Y el teléfono que suena: mi madre chillando, mi padre también. Yo me quería morir. Iré al museo, porque es la asignatura pendiente que tengo. Si voy sola, lo mismo me lío a llorar. Si voy con mi nieta, estaré ilusionada, esperanzada, satisfecha. Ese día tendré vida. Mientras tanto, somos muertos vivientes.