domingo, 6 de noviembre de 2005

«Una decisión mayoritaria no puede ser rechazada en aras del consenso»


La presidenta de EA considera que ninguna formación debe tener la capacidad de poner veto a la decisión mayoritaria de la sociedad vasca y, sobre esta base, sostiene que la búsqueda del consenso no debe oponerse al respeto a la mayoría. Aunque lo respeta, Begoña Errazti se muestra crítica ante el documento político que el PNV ha hecho público recientemente, y un tanto decepcionada con el Congreso del PSE.

Desde el respeto que le merecen las aportaciones de todas las formaciones políticas, Begoña Errazti no oculta su «preocupación» ante el documento que fija la estrategia política del PNV, y en especial ante su apelación al consenso. Su búsqueda, sostiene, no puede ser un argumento para no respetar las mayorías existentes en la sociedad vasca. La presidenta de EA reconoce también que esperaba más del Congreso del PSE, y a pesar de valorar positivamente el grado de interlocución alcanzado entre los agentes advierte de que aún queda mucho por hacer.

­El presidente y el Congreso que en febrero rechazaron la toma en consideración de la reforma del Estatuto de la CAV, admiten ahora la de Catalunya. ¿Quiere esto decir que algo ha evolucionado en la política española o es una cuestión de conveniencia del PSOE?

Lo veo como una cuestión de conveniencia y, de hecho, el señor Zapatero lo manifestaba claramente el miércoles, con un desparpajo inaceptable desde la realidad política vasca y del Parlamento. Al PSOE le conviene, porque está pensando en mantener su Gobierno en Madrid y en Catalunya, pero no está pensando en responder a las decisiones democráticas que ha adoptado la sociedad.

­¿Cómo contempla EA el momento político actual en Euskal Herria?

Continúo viéndolo como un momento de oportunidad. Es un momento que nos exige enormes dosis de seriedad, de rigurosidad, de evitar la demagogia y el enfrentamiento innecesario entre las fuerzas políticas. Todavía estamos en una fase de interlocución, y debemos trabajar para llegar a una fase resolutiva. Eso implica necesariamente pensar que los objetivos finales siguen siendo la pacificación y la normalización política, y no olvidar que los dos van de la mano. Estamos en esos contactos que a veces se ven y a veces no se ven, planteando cuáles son las claves de cada uno, que para nosotros son el reconocimiento de la nación vasca como tal y la capacidad de decidir.

­¿Qué nivel de relaciones mantiene EA con el resto de agentes políticos? ¿Qué valoraciones extrae de esos contactos?

Los contactos son muy habituales, con casi todos. Estamos pendientes de una reunión con el PP, que ahora mismo está en una posición difícil de entender en Euskadi. En el Estado, está en unas posiciones que incluso son previas a 1978, con un discurso muy ultra. Pero aquí es una postura difícil de entender, porque la mayoría de la sociedad está donde está, y ese partido se empeña en un aislamiento que no creo que sea bueno para ellos. Con el resto, cada uno piensa lo que piensa, pero la predisposición es positiva. Lo que pasa es que de la fase de interlocución tenemos que pasar a la fase de acuerdo, y esto es lo que hay que trabajar, porque todavía no estamos en esas posiciones.

­¿Qué opina del documento presentado por el PNV?

Todos los partidos políticos tienen el legítimo derecho a presentar sus reflexiones, y nosotros vamos a respetar lo que digan. Pero sí que hay en ese documento un aspecto que para mí es el centro neurálgico del asunto, y es el que hace referencia al consenso. A un consenso planteado, además, en las tesis del PSOE. Este partido, y parece que el PNV comulga con ello, defiende el consenso como una dejación de las mayorías actuales vascas. Y eso no puede ser. ¡Como si una decisión democrática mayoritaria pudiera ser rechazada en aras del consenso, como si una minoría pudiera imponer el veto a la mayoría! Ese es el punto neurál- gico, que sí resulta preocupante. Todos queremos llegar a un consenso, claro, pero la decisión al final está en una realidad numérica representativa. También se está jugando con los números del Estatuto de Gernika, de cómo se aprobó, cuando todos sabemos que lo fue con el 52% del censo. Y fue plenamente democrático, además de un instrumento muy adecuado para el desarrollo de esta parte del país.

­El PSEtambién ha fijado una posición en el reciente V Congreso. ¿Qué le parece?

Esperábamos más del Congreso en torno al reconocimiento del pueblo vasco y de sus derechos. Además hay dos temas que me llaman la atención: por una parte, que el PSE se arrogue la centralidad política, cuando mantiene tesis que nada tienen que ver con lo que la sociedad vasca está demandando y decidiendo. Y luego, el Estatuto de Gernika. Que el PSE se convierta ahora en el defensor a ultranza del Estatuto, cuando ese partido es el que más responsabilidad tiene en su vulneración ya que ha gobernado dieciséis años en Madrid, resulta cuando menos curioso.

­Esta semana han tenido una reunión con ELA, tras la que han destacado las coincidencias en el análisis de la situación. ¿Hasta dónde llegan esas coincidencias?

Coincidimos en denunciar cualquier intento de veto que pueda haber. No podemos aceptar que aprovechando las actuales circunstancias, el deseo mayoritario que tiene la sociedad vasca de paz, se imponga el veto de nadie en algo que también tiene pendiente la sociedad vasca, que es la profundización de su soberanía. Que al final, los menos no quieran hacer que renunciemos a lo que son nuestros derechos. Por supuesto, coincidimos también en el compromiso de avanzar hacia esa pacificación y esa normalización política.

­¿Coinciden también en las reservas de ELA sobre la necesidad de un amplio acuerdo para dar salida al conflicto que agrupe al menos a uno de los partidos españoles?

Hay que ir esperando a ver cómo se dan las circunstancias. Pero es el PSE quien debe respetar la mayoría social vasca, como los demás. Lo que no puede ser es que, arrogándose una representación que no tiene, nos exija a los demás que renunciemos a una realidad que sí nos ha planteado la sociedad vasca. Hablamos de soberanía.

­Después de varios años, el PNVha vuelto a abrir una vía de comunicación con el partido que gobierna en Madrid. ¿Le merece alguna valoración?

Las relaciones entre fuerzas políticas son absolutamente elementales y necesarias. Es algo que yo siempre defenderé para cualquier partido político, también para el mío. Pero en Euskal Herria estamos en unas circunstancias muy concretas, en las que esa relación tiene que ser entre absolutamente todas las fuerzas políticas, sin ninguna exclusión o autoexclusión. Lo que no puede hacer nadie, ni el PNVni cualquier otro, es arrogarse una representación de todos los demás, que no tiene. Porque realmente la apuesta que puede salir es la de todas las fuerzas políticas tomando decisiones conjuntas. Si no, esto no va a funcionar.

­José Angel Altzuguren apareció muerto el lunes en la prisión de Soria. ¿Los partidos hacen lo suficiente para acabar con este dramático goteo de muertes y heridos por la dispersión?

EA siempre ha estado en contra de la dispersión de las personas presas, porque es una vulneración de los derechos básicos de esas personas y de sus familias. Por eso, desde nuestras responsabilidades, tanto parlamentarias y municipales como de gobierno, hemos desarrollado distintas iniciativas, como es el apoyo desde el Gobierno Vasco a esos familiares, porque creemos que es algo que debe hacerse, o la exigencia al Gobierno español para que acabe con la dispersión. El tema de los presos es uno de los aspectos fundamentales que deberán ser tratados en los próximos tiempos, y en el que también se tendrán que ver otras señales. Es un tema pendiente que entra dentro de esto, y que estará encima de la mesa en cuanto a soluciones en los próximos tiempos. -



«Aún falta mucho para empezar a hablar de los comicios de 2007»
­¿Cómo se entiende que EA presente una enmienda a la totalidad a los Presupuestos Generales del Estado y que Nafarroa Bai se abstenga?

A mí también me parece inexplicable. Porque los presupuestos del Estado español, desde el punto de vista de aportaciones a las provincias vascas del sur, son absolutamente deficitarios...

­Con la postura de EA, y suponiendo que Aralar también estuviese en contra del proyecto, parece que el PNV marca las pautas de Nafarroa Bai en el Congreso.

Creo que tiene más que ver con una situación de confusión. En cualquier caso, hay que dejar claro que esos presupuestos, hoy por hoy, no contemplan para las provincias vascas avances; ni notorios, ni significativos, ni siquiera mínimos. Lo único que podría hacer que cambiáramos nuestra posición, que no estuviéramos en contra, es que viéramos en el Gobierno español un compromiso serio en materia de pacificación, al margen de infraestructuras o de cifras.

­¿Por qué han comenzado a hablar en Nafarroa de las elecciones de 2007, con propuestas como la incorporación de IUN o Batasuna a NB?

Coincido en que aún falta mucho para el 2007. Y tengo además grandes dosis de esperanza en que esas elecciones se hagan en una situación política distinta, con lo que probablemente muchas de las reflexiones que se están haciendo ahora no valgan en ese momento. Espero que la realidad y el análisis que hagamos entonces sea muy distinto y, por supuesto, confío en que todas las fuerzas políticas se puedan presentar. Pero, por otra parte, las reflexiones políticas son normales en todas las fuerzas políticas.

­¿Cabe hablar de cambio en el PSN de Carlos Chivite?

Hay que intentar una alternativa al Gobierno de UPN, porque es un gobierno tremendo, de la derecha más radical, con una concepción caciquil de Navarra. Una derecha, además, que establece su modelo económico y social, de privati- zación de la sociedad. Por supuesto, está también esa obsesión de eliminar todo lo que tiene que ver con el euskara y la cultura vasca. A ese gobierno hay que plantearle una alternativa, y eso pasa por muchas fuerzas políticas. El PSN es necesario para esa alternativa, pero tiene que cambiar mucho para que eso sea así. Lo que no se puede es mantener una postura de defensa del modelo y del Gobierno de UPN, sin hacerle frente con ideas propias, y además de agresión sistemática al nacionalismo vasco en toda su globalidad. No tiene lógica que mantengan esas posiciones, porque así difícilmente van a ser una alternativa, y por números debería liderarla. Ahora mismo es improbable, pero esa posibilidad hay que defenderla, porque la sociedad navarra tiene que poder disfrutar de un gobierno distinto.