viernes, 18 de enero de 2008

Independencia en un mundo moderno



La independencia no es sólo una aspiración política, es una necesidad que nos impone este mundo moderno, porque la UE nos exige adaptarnos como nación y, hoy por hoy, no nos deja más remedio que la creación de un estado propio

Alos 100 días de gobierno, el Scottish National Party (SNP), -socio de Eusko Alkartasuna en la ALE- ha lanzado una propuesta a la sociedad sobre el futuro de Escocia. Tras un proceso de debate y aportaciones de los ciudadanos, el Gobierno escocés propone la celebración de dos referéndum. Uno, que legitime al propio gobierno de Edimburgo a negociar con el «Gobierno de Su Majestad» el nuevo estatus independiente de Escocia. El segundo, debería ratificar lo que ambos gobiernos pactaran. En caso de aceptar la independencia de Escocia, habría que crear una comisión bilateral entre Escocia y Reino Unido para modificar la constitución británica, cerrar transferencias de personal funcionario y tesorería (incluyendo seguridad social) y establecer el camino de la permanencia de Escocia en la Unión Europea. Según el plan, hay que dejar decidir a los ciudadanos. El SNP aboga por la independencia, puesto que ellos mismos saben mejor que nadie solucionar sus problemas, sin necesidad de intermediarios.

El Plan ofrece innumerables similitudes con el Plan del Gobierno Vasco, aunque también muchas diferencias. En Escocia no existe una situación de violencia ni la lacra del terrorismo, el debate es más sereno y sin coacciones. Al margen de esto, existe una diferencia abismal que resulta sorprendente para nosotros. Según una encuesta realizada por la BBC en el mes de mayo, aproximadamente el 50% de los escoceses apoyaban la independencia, mientras que un 70% de los ingleses apoyaban la creación de un Estado escocés. ¿Alguien se imagina que un 70% de los madrileños apoyando algo parecido?

Resulta interesante el título de la propuesta, independencia en un mundo moderno. Aquí está de moda plantear la regeneración del nacionalismo vasco. No critico el hecho en sí mismo. Pero, resulta doloroso oír de boca de dirigentes abertzales que debemos adaptarnos al siglo XXI, presuponiendo que la creación de un estado propio no es propio de este siglo. Muy bien, si alguien descubre un mecanismo que logre conjugar nuestro sentir nacional en la UE que nos lo haga saber. Basten unos breves ejemplos para comprender mejor la situación.

La Comisión Europea está empeñada en cargarse nuestro sistema fiscal. Según ella, el «marco de referencia» fiscal debe ser el del territorio del estado miembro, y poner tipos impositivos diferentes en sólo «una parte de ese territorio» es ilegal. Es decir, como en Hegoalde somos parte del Estado español, nuestro «marco de referencia» es el español, y un tipo del Impuesto sobre Sociedades diferente al español es, simplemente ilegal. Mientras Letonia o Malta tienen su propio «marco de referencia», nuestro sistema foral, sin duda, mucho más antiguo que la hacienda letona, es puesto en tela de juicio por un solo motivo: no somos estado. Otro ejemplo. Las lenguas. Mientras que el maltés, esloveno, lituano o letón son oficiales en la UE, el catalanes, bretones o vascos seguimos sin poder hablar en nuestra lengua. ¿Por qué? Porque no somos estados.

Y sigo. El Estado francés prohíbe la circulación de camiones los domingos. Cuando el Gobierno Vasco aprobó una resolución que hacía lo propio para evitar la aglomeración en la muga de este tipo de vehículos los domingos, el Tribunal Supremo lo anuló. Por otro lado, en Nafarroa dolió de sobremanera el «contrafuero» que supuso la sentencia del Supremo que invalidaba la secular competencia de la diputación foral para regular los sueldos y remuneraciones de nuestros funcionarios. Y un largo etc.

En resumen, si fuéramos estado, nuestro sistema fiscal no tendría que sufrir ningún tipo de embate en la UE y nuestra lengua sería lo oficial que quisiéramos que fuese, además de otros muchos ejemplos que se pueden citar. (por ejemplo, no tendríamos que depender de Madrid para ampliar aeropuertos etc). Nuestros sistemas educativos, sanitarios o de hacienda son, según estadísticas, más eficientes que los del resto de CCAA, y ello es porque allí donde tenemos capacidad de gestión propia, podemos desarrollar sistemas más cercanos y más acordes a nuestra realidad y demandas.

Claro que hace falta una regeneración en el mundo abertzale. Tenemos que tener claro que hay que darle la vuelta a la tortilla. La pregunta no es ¿por qué la independencia? La pregunta es más bien, ¿para qué necesitamos al Estado español y francés? La independencia no es sólo una aspiración política, es una necesidad que nos impone este mundo moderno, porque la UE nos exige adaptarnos como nación y, hoy por hoy, no nos deja más remedio que la creación de un estado propio. Además, reto a alguien a que sea capaz de citar un solo estado en la Europa contemporánea que haya renunciado voluntariamente a su estatus. No lo hay. Luego, algo bueno tiene que ser la independencia, cuando nadie renuncia a ella. Yo la quiero.

Mikel Irujo y Alyn Smith Europarlamentarios por EA y SNP, respectivamente