lunes, 26 de septiembre de 2011

"Diez años de pena a Otegi... ¡Es escandaloso!"


Brian Currin es un asesino a sueldo a la inversa. Sudafricano de nacimiento, abogado de profesión, es un profesional en mediación de conflictos con una amplia experiencia internacional y más de 20 años de trayectoria. Sea su terreno de operación Israel/Palestina, Irlanda del Norte, Turquía, Liberia o Madagascar, su objetivo es lograr la paz y, precisamente, evitar asesinatos. Pero en España, en general, no es bienvenido. Desde que se involucró en el problema vasco, hace más de dos años y medio, a petición de la izquierda abertzale, las preguntas que muchos se hacen sobre él son ¿qué diablos hace este hombre aquí? ¿qué derecho tiene a decirnos lo que tenemos que hacer? e incluso, ¿tendrá alguna agenda secreta?


"El conflicto vasco es usado por los dos grandes partidos, el PP y el PSOE, para ganar votos"

"La declaración de los presos a favor del acuerdo de Gernika es un paso esencial"

Su opinión sobre la reciente declaración de los presos de ETA pidiendo "un definitivo abandono de la actividad armada" tendería en algunos círculos a alimentar la noción, bastante generalizada, de que su ideología personal corresponde a la de la izquierda independentista vasca. "Es un paso esencial y de enorme significado", dice Currin. En cuanto a la condena de 10 años de prisión que acaba de recibir Arnaldo Otegi, líder político indiscutible de los abertzales, Currin cree que es "escandalosa", "increíble" y "contraproducente", y considera que la sentencia jurídica fue claramente contaminada por consideraciones políticas.

Currin habló con EL PAÍS en San Sebastián esta semana tras siete días en los que había viajado de Sudáfrica a Inglaterra, de Inglaterra a Madagascar, de ahí de vuelta a Sudáfrica y finalmente a España.

P. ¿Qué es lo que define su experiencia española? ¿Cómo se contrasta con, por ejemplo, la de Irlanda del Norte, donde ha trabajado con todos los bandos, incluyendo al Gobierno británico?

R. Creo que la diferencia en España es que el conflicto, en este caso el vasco, es utilizado por los dos principales partidos políticos, el PP y el PSOE, para ganar votos, o hacer que el otro los pierda. Eso pone las cosas muy difíciles ya que te paraliza, porque si te mueves sabes que el otro te va a dar una paliza.

P. Porque es un tema emotivo, de aparentemente fácil comprensión para los ciudadanos...

R. Sí. El problema se presenta en blanco y negro, como cuestión de buenos y malos, y a diferencia de lo que he vivido en el Reino Unido, donde el partido laborista y el partido conservador se pusieron de acuerdo en que en público adoptarían una posición común en temas relacionados con la seguridad nacional, y particularmente en Irlanda del Norte. Los dos partidos discutían sobre sus diferencias en privado pero no se criticaban abiertamente. Si se hubiera hecho lo mismo en España, el problema se habría resuelto hace mucho tiempo.

P. ¿Qué opina de la declaración de los presos de ETA a favor del acuerdo de Gernika, que asume el fin de la violencia como instrumento de persuasión política?

R. Es algo que tocaba hacer y obviamente es enormemente significativo. Es un paso esencial hacia la construcción del entorno político necesario para un proceso de paz. Ayudará a generar la confianza en la sociedad de que los presos de ETA están a favor de un futuro sin violencia en el que se resuelven los conflictos mediante la negociación.

P. ¿Qué le parece la reciente condena impuesta a Arnaldo Otegi?

R. Diez años: ¡es escandaloso! Es increíble que uno pueda recibir semejante condena por la ofensa que supuestamente cometió. Y, mire, aún suponiendo que él hubiera estado involucrado en un proyecto de ETA, no deja de ser un proyecto cuyo fin es la legalización de una formación política y acabar con la violencia; moverse del pasado al futuro. Puedo comprender perfectamente que haya una ley que diga que cualquier asociación con ETA es ilegal. En tales circunstancias lo correcto hubiera sido declararlo culpable, pero ya que el proyecto del que Otegi forma parte apunta a la paz y rechaza la violencia, lo lógico hubiera sido condenarle a cinco minutos de cárcel y ya está. Un tribunal podría haberlo hecho. Ahora, yo sé muy bien que en este caso categóricamente no fue un proyecto dirigido por ETA. Lo sé porque yo he estado metido en el proyecto con Otegi desde que arrancó hace dos años y medio y sé que el objetivo más difícil fue convencer a ETA de que suscribiera el optar por el camino de una paz negociada, que viera las ventajas políticas de abandonar la violencia.

P. ¿Cuál fue el papel de Otegi en este debate interno?

R. Otegi tuvo un papel crítico desde el principio. Y demostró una gran persistencia y una gran valentía, partiendo siempre de un convencimiento inequívoco de que los antiguos métodos habían fracasado -él mismo lo reconoció ante su gente- y que había que optar por uno nuevo que no sea la violencia. Y hacerlo unilateralmente.

P. ¿Qué se ha conseguido con la condena a Otegi?

R. Se ha hecho algo que va muy en detrimento de la paz. Uno esperaría en un proceso de paz que el Gobierno interviniera para crear un ambiente político que permitiera a aquellos que se han comprometido con la paz a participar en lograrla de manera constructiva.

P. ¿Pero existe un proyecto de paz? ¿Qué necesidad hay de tal cosa ahora, ya que la violencia de ETA, en la práctica, ha cesado?

R. ETA no es el tema central. El tema central es que hay mucha gente en el País Vasco cuyas aspiraciones políticas están en conflicto con la Constitución española, que muchos creen que les fue impuesta. No es una cuestión de si uno tiene razón o no. Estamos hablando de sentimientos que tienen un peso político real. Esto es lo que hay que tratar de resolver a través de un proceso de paz, o de negociación o de diálogo, o llámelo lo que uno quiera.

P. ¿Cómo interpreta la actitud del Gobierno español?

R. Su posición es que la negociación pacífica no es la mejor alternativa, sino que la única alternativa es aniquilar a ETA y obligarla a la rendición total.

P. ¿Lo mejor es enemigo de lo bueno?

R. Sí. Mire, hoy los Tigres del Tamil de Sri Lanka han sido completamente destruidos. Pero, y se lo garantizo, pequeñas células se están reorganizando y en diez años un conflicto violento volverá a brotar. Hoy el Gobierno español tiene claramente a ETA muy a la defensiva, pero nunca logrará que se rinda incondicionalmente. No se puede mantener un control policial sobre cada casa y cada habitación en el País Vasco. Otros tipos duros aparecerán dispuestos a empuñar las armas y el conflicto seguirá durante más décadas hasta que por fin haya un acuerdo político. La opción policial no es sostenible a largo plazo. Hay que tragarse un poco el orgullo, demostrar un poco de generosidad y pragmatismo, y estar dispuestos a hacer algunas concesiones.

P. ¿Qué le dice a aquellos que opinan que usted no tiene ningún derecho a entrometerse en estos temas?

R. Entiendo que los españoles reaccionen así. Mi participación aquí comenzó cuando Batasuna me pidió que les aconsejara sobre los presos de ETA. Empezó mi participación de la misma manera en Irlanda. Lo hice a invitación del Sinn Fein. Pero después de un tiempo empecé a trabajar también con el otro bando, con los militantes protestantes, y a continuación el Gobierno británico me contrató para que presidiera la comisión encargada de decidir sobre la liberación, o no liberación, de todos los presos involucrados en la violencia política.

P. ¿Y el Gobierno británico le pagó?

R. Sí. Cuando empecé aquí, los dirigentes de Batasuna propusieron que mantuviera un bajo perfil con la esperanza de después de un tiempo el Gobierno español me nombrara a un puesto similar. Esa noción (sonríe) se ha quedado muy lejos.